Solo espero que me hayan extrañado pero no odiado, sucede que no deje de escribir, es que la Chiquita no pago a tiempo la cuenta del servicio de Internet y nos cortaron la conexión, pero no fue por culpa de ella si no del jefe que no le dio el dinero, al final el jefe estaba como loco, ya que no podía mandar las proformas del taller de mecánica. Es increíble como estamos acostumbrados a la tecnología.
Recordé cuando escribía mis vivencias a mano y en un papel, me dio un poco de añoranza, por eso desde la semana pasada aprovecho para llenar un viejo cuadernillo de facturas en blanco que me regalo la Chiquita, y luego en la tarde los paso a este blog. Siempre y cuando la Chiquita pague la cuenta de Internet.
Hoy en la mañana conocí al azteca, vino a la llantera a parchar la llanta de su bicicleta, el Cejas lo atendió porque a mí aun me enchila un poco verlo e imaginarme a la Leidi colgada de su cuello. Mientras Cejas parchaba la llanta yo estaba sentado plasmando mis escritos en el cuadernillo, para mi sorpresa el azteca se me acerco y me pregunto que escribía. Yo me pare para responderle, de paso lo intimidaba un poco, pero solo le llegaba a la altura del pecho, así que hice que recogía mi cuadernillo y de nuevo me senté. Tenía un acento raro, como que no era de estos lugares. Me gusta escribir – le dije. ¿Puedo leer? – me pregunto. Lo mire a los ojos, para saber si me estaba embromando. Tenía unos ojos raros, como de bueno pero a la vez de malo. Le acerque mi cuadernillo, él lo reviso, leyó las primeras hojas. Muy bueno, me parece muy bueno. Yo también escribo – me dijo. El azteca ya no me caía tan mal. Oye cuate, tu llanta tiene muchos huecos – le dijo el Cejas. Le recomendó que compre una cámara nueva. El Cejas se ofreció a traerle una de la tienda de bicicletas de su primo, que solo lo espere unos 20 minutos. Aprovechando que no estaba el Jefe, el Cejas se arriesgaba a salir de la llantera por unos pocos pesos, y también para ver a la vendedora de la tienda de su primo.
El azteca para matar el calor y el tiempo se trajo unas chelas del Oxxo, y según él para leer un poco mas de mi cuadernillo, también trajo algunas hojas impresas de lo que había escrito. Después de unos cuantos salud, supe que se llama Damián, no es de por aquí, le gusta escribir, por cosas del destino conoció a Leidi, y ahora vive con ella. También me dijo que tenia un blog, ¿Sabes lo que es eso? - me pregunto, Claro que si - le respondí. Pero que él no podía escribir muy seguido en su blog porque en su depa no tenía Internet. Yo también le comente de mi blog, que con él tenia amigas y amigos que me leían, que a veces me hacían sentir como un escritor. Pero lo eres Kicho – me dijo. El cuate cada vez me caía mejor, a pesar de que sus cuentos me parecieron un poco vulgares. Luego vino El Cejas con una sonrisa de oreja a oreja (seguro vio a la vendedora que tanto le gusta) y con la cámara, la metió en la llanta y la puso en la bicicleta. Damián seco el ultimo vaso y se despidió, le dije que regrese como a las seis de la tarde que aquí teníamos Internet, para que le enseñe mi blog y él pueda actualizar el suyo. Voy a tratar de convencer a la Chiquita para que nos deje entrar en la oficina. Buena persona Damián, prometió traer más cerveza.
Ahora son las seis de la tarde, me he encerrado en la oficina y apagado la luz, no le pienso abrir la puerta a Damián, cuando él se fue como a las 2 horas, me di cuenta de algo, de como esos sus ojos medio buenos se convertirán en totalmente malos cuando lea mi blog y se entere de que he estado espiando a su novia, la Leidi.
jueves, 24 de mayo de 2007
lunes, 14 de mayo de 2007
Mi vecina la Leidi: Descolgando mis sonrisas
La Srta. Leidi creo que es bailarina, por el cuerpo que tiene y porque sale a trabajar muy de noche. Cuando estoy en el turno de noche en la llantera, la veo salir muy bien arreglada, la viene a recoger un taxi, lo sé porque el taxi pasa al frente de la llantera para agarrar la avenida, ella nunca voltea a mirarnos, pero yo me contento con verla pasar, hasta creo poder oler su perfume que se escapa por la ventana del taxi.Me gustaría hablarle, sé que vive sola, siempre la veo sola, pero no creo que se fije en mi. ¿Qué le puedo ofrecer? ¿Compartir mi hamaca con ella? Solo llantas usadas y cartas de esperanza donde la destinataria es ella.
¿Qué como hago para dejar de trabajar mientras la contemplo? Bueno sucede que una vez el Jefe me vio en el patio de atrás del taller esperando que salga mi vecina para espiarla mientras tiende su ropa. ¿Kicho que diablos haces ahí? Es hora de trabajar – me dijo el Jefe. Yo no quería moverme de ahí, tenia que inventar algo, así que le dije que sufría de leves espasmos en el corazón, y que el medico me había recetado que todos los días a eso de las 11 de la mañana me pare en un sitio por 20 minutos y contemple un punto fijo. ¿Qué estupideces dices Kicho? – me contesto. Es la verdad – le asegure. Y le seguí inventando: En la anterior llantera un día me olvide de lo que me receto el medico y no pare de trabajar, entonces me desmaye, me llevaron a emergencia, cuando me atendieron y vieron que no tenia seguro, al día siguiente fueron los del seguro a la llantera, la cerraron y multaron al dueño porque ninguno de los trabajadores tenia seguro. El jefe me miro con cara de incrédulo, pero como sabia que ninguno de nosotros tenia seguro, y para evitarse ese tipo de multas, sus bolsillos lo convencieron de lo que le dije. Desde ese día él es el principal interesado en que me pare a eso de las 11 del día en el patio de atrás del taller por 20 minutos mirando un punto fijo.
Después del incidente donde la Srta. Leidi me vio tirado encima de la llanta con la panza al aire, decidí que este seria el ultimo día que la veía a escondidas, ¿qué clase de hombre hace esas cosas? Cuando ella pase en la tarde frente a la llantera, me presentare. Pero ahora espero que ella salga a su tendal. Se abre la puerta que da al tendal, veo una pierna, parece que no se ha depilado, es bastante velluda, trato de negar lo innegable, es la pierna de un hombre, sale totalmente y lo veo, el desgraciado esta en calzoncillos, carajo que es grande, parece un guerrero azteca, pero puede ser solo un amigo de ella, no debo de pensar mal. Ella sale a saltitos y se cuelga de su cuello, y lo besa, ¡lo besa en los labios!. No puedo seguir viendo esto, siento que me mareo. Decido regresar a la llantera, doy media vuelta. El jefe me esta viendo. ¿Kicho a donde vas? – me grita el jefe. A trabajar – le respondo. Ni hablar carajo, regresa donde estabas y quédate mirando tu punto fijo, no quiero problemas con el seguro – me ordena. Doy la vuelta y me quedo mirando el tendal, .... donde ya no cuelgan con cada una de sus prendas una sonrisa mía, sino ahora cuelga toda ella del cuello del azteca.
viernes, 11 de mayo de 2007
Mi vecina la Leidi: ¿Qué pensara de mí?
Después de mi día de playa, a pesar de la discusión que tuve con el de seguridad, regrese mucho más relajado a la llantera. El sol, la sal del mar, hicieron que después de darme un baño con la manguera del taller, colgara mi hamaca me metiera en ella y me quede dormido hasta el día siguiente, hace mucho que no descanso así de corrido.Me he levantado de buen animo, no he dejado de sonreír, a pesar que ha pasado tanto tiempo y parece que mi vieja esta vez no me perdonara, el pensar en ella no ha hecho que me duela tanto el corazón como en días anteriores, creo que la sal del mar cicatriza más rápido todo tipo de heridas, aunque estas sean interiores.
Tengo que confesarles algo, desde que estoy viviendo en la oficina del taller, de casualidad he descubierto que a eso de las 11 de la mañana, mi vecina, la que vive en un segundo piso a espaldas del taller, sale a colgar su ropa al tendal, con el permiso de mi vieja debo decirles que es hermosa, me contagia su alegría, la manera que da saltitos mientras cuelga su ropa. El mirarla para mí es ahora una rutina, una obligación que mi corazón me ha impuesto, así que cerca de las 11 dejo de hacer todo lo que hago, si viene un coche le digo al Cejas que lo atienda, a pesar de que sé que el se ganara la propina. Ella no tiene manera de saber que la estoy mirando, las llantas apiladas en la parte de atrás del taller y la calamina del techo caída me cubren. No se confundan, les explico, el Jefe es dueño de la llantera y de un taller de mecánica, los dos locales están juntos.
Sé que se llama Leidi porque así la llamo la otra vez la Sra. gringa que le alquila el depa. Cuando pasa al frente de la llantera, yo la saludo inclinando caballerosamente mi gorra, ella solo sonríe y eso es suficiente para aliviar mi corazón herido.
Lo que me molesta es que mis compañeros cuando no hay clientes se echan encima de las llantas apiladas, meten sus traseros en el hueco de la llantas, se levantan la camiseta, y muestran sus panzas, que por lo grandes que están dan un espectáculo grotesco, además de parecer vagos. No me gustaría que la Srta. Leidi los vea en esa posición – les digo. Kicho que tanto hablas si también estas panzón – me dice el Cejas. Eso es mentira en parte, porque para ser realista mi panza ha crecido un poco, me levanto la camiseta para enseñarles que lo que dicen no es tan cierto. Así no se nota tanto, pero si te echas en una llanta ahí si se nota lo panzón que estas – me dice El Cejas. Yo nunca me echo en las llantas pero para que vean que no es cierto lo hago, y me levanto la camiseta. Ven que no es cierto – les digo. Y justo cuando levanto la mirada la Srta. Leidi pasaba frente a la llantera, creo que mirándome de reojo. ¿Ahora que pensara de mí?.
martes, 8 de mayo de 2007
Me voy a la playa. ¿Somos todos iguales?

Después de haber comprendido lo importante de mi misión, la de parchar llantas, me sentí con ánimos de irme a la playa. Las penas están para todos pero el sol también.
Es domingo, no me toca el turno de atender en la llantera, me levanto más o menos temprano y descuelgo mi hamaca de la oficina. Busco algo que me sirva de ropa de baño, ya que cuando me corrió mi vieja, solo tuve tiempo de cargar con mi alma, encontré unos jeans viejos y los corte a la altura de las rodillas, me puse las chanclas, una playera muy bonita que gané por disparar en la feria (otro día les platico de eso), y de toalla... bueno eso si no tengo, solo me queda secarme el agua de mar tirandome panza arriba en la arena.
Espero el R2 para que me lleve a la playa pública de la zona hotelera. En el trayecto escucho música con mis audífonos, aunque soy llantero no me gusta mucho la música que ponen para trabajar mis compañeros, a mí me gusta escuchar música con poesía, mientras miro por la ventana del bus, es que la vida en sí es poesía, y más aún los paisajes de la ciudad donde vivo. Pero cuando estoy de ánimo de fiesta ahí si escucho cualquier cosa.
Me dieron ganas de bajarme un rato en el mercado No.28, y me bajé, es que tengo ganas de empujarme unas enchiladas y mientras caminaba hacia el mercado escuchaba que a todas las personas les ofrecían paseos turísticos, menos a mí; a veces tengo la impresión que la gente me ignora, así que me acerco a uno de los que ofrecían paseos turísticos. ¿Oye cuate cuanto cuesta esa chingada? – le pregunto. Oye pendejo no me hagas perder mi tiempo – me contesto. ¿Qué? ¿O sea yo no puedo pasear? – le repregunto. Con esa cara se nota a leguas que eres de aquí, ooo ¿eres de la competencia cabrón? – me preguntó. Como vi que se estaba molestando, me fui, soy pacifico, pero no cobarde (otro día cuando les platique de la feria se darán cuenta).
Se me quitó el hambre, no es bueno comer con los ánimos alterados, así que desistí de ir al mercado, tome nuevamente el R2 para ir a la playa y relajarme un poco.
Llegué a la playa por el acceso peatonal para todo el publico, la playa estaba bastante concurrida, desde que ingresé el de seguridad se me quedo mirando, pienso que me conoce de alguna parte. Ya en la zona de la playa designada para el público me recosté, como les conte no tengo toalla, hice un bultito con mi playera y mis chanclas, los puse en mi cabeza como almohada. Me puse a mirar el mar, y de un momento a otro las olas comenzaron a mecer mis recuerdos y mis emociones, mis ojos se marearon de tantos sentimientos y expulsaron lágrimas. El mar es salado como mis lágrimas, así que me paré y corriendo me metí una cabecita para devolver las lágrimas de donde vinieron. Me volví a echar, esta vez no sólo mis ojos estaban mojados sino todo mi cuerpo, de esta manera disimulaba mi llanto de nostalgia.
El sol estaba arreciando, no tenia como cubrirme de sus calientes brazos, decidí pegarme un poco a la zona de turistas, las camas con techo que ellos tienen proyectaban un poco de sombra para el lado público. Me quedé dormido, cuando me levanto una turista, algo mayor, me estaba mirando, estaba echada en la cama que me hacia sombra. Cuando me iba a conversar, el seguridad que creo me conoce se me acercó. La sra. turista al ver eso se retiró.
¿Oye que haces tú aquí? – me dijo el seguridad.
Estoy tomando sol, o eres ciego – le respondí.
Pero tienes que irte mas allá, no tan pegado a los turistas – me increpó.
Ahora les digo que cuando uno trata de explicarle algo a uno de estas personas pierde su tiempo.
Recordé que en esos jeans había guardado la tarjeta que me dio el Alcalde cuando parché su llanta. La saqué de uno de mis bolsillos, pero como estaba mojada salió por la mitad.
Bueno, esta es la tarjeta del Alcalde y es mi amigo – le dije.
Al seguridad le dio un ataque de risa.
Si y seguro que él te regalo la truza – me dijo matándose de risa.
Me dio un poco de vergüenza ver ahora mis jeans cortados, pero nunca voy a dejar de disfrutar la playa por esas cosas.
Bueno no, pero ¿qué tanto me estás mirando desde que llegué? – le pregunté.
Es que con esa cara se nota a leguas que eres de aquí – me respondió.
Ahora resulta que lo peor para un mexicano frente a otro, es tener cara de mexicano.
domingo, 6 de mayo de 2007
Mi misión en la vida
En estos días que estoy triste, a veces pasan por mi mente pensamientos positivos, por ejemplo esta semana he estado pensando en que todas las personas tienen una misión en esta vida, y con la bendición de Dios esta debe de dar bienestar a este mundo.
No he tenido que pensar mucho para llegar a la conclusión que mi misión en esta vida es la de ser llantero.
Aquí hago un paréntesis porque ahora que me he dado tiempo para escribir, he visto con mucha satisfacción que hay personas muy especiales que disfrutan de lo que hago, y están pendientes de que escriba algo nuevo, pero aun no sé si esta sea mi nueva misión, lo pongo en duda porque en primer lugar no tengo idea de cómo pueda vivir de escribir, es decir ganar dinero, en cambio en la llantera cumplo una misión y con lo que gano me lleno un poco la panza.
Retomando el tema. Modestia aparte podría decir que soy el mejor en lo que hago, en comparación de mis colegas y los de las llanteras vecinas, ya que desenllanto, parcho y enllanto un coche en el menor tiempo posible, y hasta el día de hoy ningún cliente se ha quejado, no como el Cejas, que la otra vez parcho una llanta y cuando la Sra. clienta llegó a la esquina ya estaba nuevamente desinflada, no la clienta, sino la llanta.
El alcalde el Dr. Francisco, llegó hace algún tiempo a esta llantera, con una llanta desinflada. Por lo que percibí, él es muy buena persona, pero muy preocupada, supongo de acuerdo a las responsabilidades que tiene. Se quedó sorprendido por lo rápido que lo atendí, me preguntó mi nombre, me felicito y se marchó.
Cosas del destino, el Dr. Francisco llegó nuevamente a esta llantera, lo primero que hizo fue preguntar a gritos por mí: ¿Donde esta Kicho? – dijo. Me alegró saber que recordaba mi nombre. No era para quejarse, ni para reclamar, sino para decirme que tenía una urgencia, que lo atendiera lo antes posible, que lo habían llamado unos inversionistas que sólo estaban por unos minutos en la ciudad, y que iban a decidir con él la construcción de un complejo hotelero. Kicho el destino de la ciudad está en tus manos – me dijo el Dr. Francisco. No puedo negar que me puse un poco nervioso pero lo atendí expedito. Cuando terminé de enllantar su coche miró su reloj y me dijo: Kicho me salvaste, llegaré con tiempo a la cita. Me dio su tarjeta, vi sus intenciones y me alejé un poco, así que sólo pudo darme un fuerte apretón de manos, yo no iba a dejar que me abrace, para no ensuciarle su traje. Si la Chiquita no hubiera salido a realizar unos trámites seguro que nos tomaba una foto con la cámara de su celular, que es con la que le pido tome las fotos que me ayuda a subir a este blog.
Si el Dr. Francisco llegó a la hora, y ojalá a buen acuerdo con los inversionistas, la ciudad tendrá mas turistas, muchos ciudadanos tendrán trabajo, habrá mas dinero, se comprarán mas autos, más asuntos importantes que atender, más llantas por parchar, y qué sería el mundo sin nosotros los llanteros.
miércoles, 2 de mayo de 2007
Los Comentarios

Por suerte la Chiquita pudo arreglar a tiempo el desmadre que yo había hecho con la impresora, así que el Jefe no me regaño, por que no se dio cuenta. Un favor mas que le debo a la Chiquita, además de darle las gracias por guardar los papeles y los lápices bajo llave en su escritorio, y así indirectamente evitar que me mate, como les conté en mi escrito anterior. Aun no se si llamar Diario a esto que estoy haciendo, pues me vería obligado a escribir todos los días, y hay días que no tengo ganas, también por lo que sucedió hace una semana, que casi me quitan las ganas de escribir.
Resulta que mi vieja, se apareció la otra vez en la llantera, después de casi 20 días desde que me corrió de la casa, la vi y mi corazón comenzó a latir fuerte, quiero mucho a mi mujer, aunque ella dice que no parezca. De seguro me extraño tanto que venia a perdonarme, pero lo que realmente extrañaba era mi lana, me pido 100 pesos por el momento dijo, yo saque con resignación un billete de 200, se lo di y quedamos en cambiarlo en el Oxxo.
Me pareció buena idea enseñarle a que me estaba dedicando en las noches, ahora que yo dormía en la oficina de la llantera. Aprovechando que ya era tarde y que la oficina estaba vacía, la lleve a la computadora y le enseñe este blog que por recomendación de El Cejas ahora estoy escribiendo. Hay Kicho en verdad que te encanta perder el tiempo – me dijo. Yo no se si eso sea cierto pero me gusta escribir, aunque sea solo cosas sin importancia.
- ¿Que es eso que dice comentarios? - me pregunto.
A mi también me resulto extraño, así que le di un clic, y leímos unos comentarios, uno de una señorita Caramelo y otros de una señorita Cristiana Alocada.
Caramelo de Cianuro dijo...
Hola Kicho:
Te felicito por haber decidido abrir un blog, tener un espacio así te puede dar muchos buenos momentos. Pero espero que tu idea de quitarte la vida sea sólo pasajera, siempre hay solución para los problemas, esa no es la mejor alternativa.
Seguiré visitando tu blog, me imagino que tienes muchas cosas que contar.
Saludos.
25 de abril de 2007 21:23
Una cristiana alocada. dijo...
Ja ja ja!!
Creo que nunca antes el sufrimiento ajeno me habia causado tanta gracia.
Eres genial!!
Perdo por mi insensibilidad ante todas tus broncas, pero tu tienes la culpa de que en vez de pena me haya dado un ataque de risa.
Te mando un beso desde Guatemala. Muuuaaaaa!!!
26 de abril de 2007 14:00
Una cristiana alocada. dijo...
Hey!! estoy esperando la siguiente entrada!!
27 de abril de 2007 11:31
- Carajo Kicho ¿Quienes son esas mujeres? – me reclamo mi vieja.
- No se viejita, no las conozco – respondí nervioso.
- ¡No te hagas el pendejo Kicho!, ¿no las conoces?, ¿y como una de ellas te manda besos y te reclama una siguiente entrada?. ¿Que mas se puede esperar de ti y de los grandes consejos de tu amiguito El Cejas? – mi grito mi vieja, que estaba hecha un diablo.
Cuando vi que no entendía explicaciones y que estaba buscando en la oficina algo para tirarmelo por la cabeza, le dije: Viejita todas estas cosas son la Chiquita, de la secretaria, no las vayas a romper. Como que se calmo un poco. Me miro con odio y se fue.
¿Quien dijo que escribir es algo inofensivo?.
Y ahora que recuerdo se llevo mi billete de 200.
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